domingo, 30 de marzo de 2014

Romance Sonámbulo - Federico García Lorca

           
Vista del terreno de mi casa. San Cristóbal - Venezuela
Foto tomada por: Enrique Rivera

             Desde que me desperté esta mañana he tenido la frase "Verde que te quiero verde." en la cabeza, así que decidí buscar el poema y leerlo otra vez. Había olvidado lo bello que es.

Romance sonámbulo

A Gloria Giner y a Fernando de los Ríos

Verde que te quiero verde. 
Verde viento. Verdes ramas. 
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña. 
Con la sombra en la cintura, 
ella sueña en su baranda 
verde carne, pelo verde, 
con los ojos de fría plata. 
Verde que te quiero verde. 
Bajo la luna gitana, 
las cosas la están mirando 
y ella no puede mirarlas. 

             *

Verde que te quier verde. 
Grandes estrellas de escarcha, 
vienen con el pez de sombra 
que abre el camino del alba.
La higuera frota su viento 
con la lija de sus ramas, 
y el monte, gato garduño, 
eriza sus pitas agrias. 
¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde?...
Ella sigue en su baranda 
verde carne, pelo verde, 
soñando en la mar amarga. 

             *

Compadre, quiero cambiar, 
mi caballo por su casa, 
mi montura por su espejo, 
mi cuchillo por su manta. 
Compadre, vengo sangrando,
desde los puertos de Cabra. 
Si yo pudiera, mocito, 
este trato se cerraba. 
Pero yo ya no soy yo, 
ni mi casa es ya mi casa. 
Compadre, quiero morir 
decentemente en mi cama. 
De acero, si puede ser, 
con las sábanas de holanda. 
¿No ves la herida que tengo 
desde el pecho a la garganta?
Trescientas rosas morenas 
lleva tu pechera blanca. 
Tu sangre rezuma y huele 
alrededor de tu faja. 
Pero yo ya no soy yo. 
Ni mi casa es ya mi casa. 
Dejadme subir al menos 
hasta las altas barandas, 
¡dejadme subir!, dejadme 
hasta las verdes barandas. 
Barandales de la luna
por donde retumba el agua. 

             *

Ya suben los dos compadres 
hacia las altas barandas. 
Dejando un rastro de sangre. 
Dejando un rastro de lágrimas.
Temblaba en los dejados 
farolillos de hojalata. 
Mil panderos de cristal, 
herían la madrugada. 

             *

Verde que te quiero verde, 
verde viento, verdes ramas. 
Los dos compadres subieron. 
El largo viento, dejaba 
en la boca un raro gusto 
de hiel, de menta y de albahaca. 
¡Compadre! ¿Dónde está, dime?
¿Dónde está tu niña amarga?
¡Cuántas veces te esperó!
¡Cuántas veces te esperara 
cara fresca, negro pelo, 
en esta verde baranda!

             * 

Sobre el rostro del aljibe, 
se mecía la gitana.
Verde carne, pelo verde, 
con ojos de fría plata. 
Un carambano de luna, 
la sostiene sobre el agua. 
La noche se puso íntima 
como una pequeña plaza.
Guardias civiles borrachos, 
en la puerta golpeaban. 
Verde que te quiero verde. 
Verde viento. Verdes ramas. 
El barco sobre la mar. 
Y el caballo en la montaña. 

García Lorca, Federico. Poesía completa II. "Primer romancero gitano 1924-1927". Barcelona: edición Debols!llo, 2007. Pg: 108-111